Lo que comenzó como una pérdida de propulsión tras un ataque con drones ha escalado a una crisis ambiental. La embarcación cruzó el límite hacia aguas territoriales libias, y las autoridades advierten sobre una posible rotura en los tanques que podría liberar gas, complicando cualquier intento de abordaje o remolque.
La situación del carguero ruso en el Mediterráneo ha pasado de “crítica” a “extrema” este 18 de marzo de 2026. Tras varios días sin gobierno frente a las costas de Malta, las corrientes han arrastrado la nave hasta aguas territoriales de Libia. Sin embargo, la mayor preocupación no es solo su ubicación, sino un informe técnico que alerta sobre una fuga de gas.
“El riesgo de explosión o de un desastre ecológico a gran escala ha paralizado las maniobras de acercamiento de los remolcadores civiles”, señalan fuentes de seguridad marítima.
El daño estructural causado por los drones parece ser más profundo de lo evaluado inicialmente, afectando la integridad de los sistemas de contención. La entrada en aguas libias añade una capa de complejidad geopolítica, ya que la coordinación para una operación de salvamento ahora requiere acuerdos con un país con una situación política inestable, mientras el tiempo se agota para evitar un vertido masivo.
Desde la perspectiva de Mundo Fluvial Marítimo, analizamos los riesgos técnicos:
- Zona de Exclusión: Se ha recomendado a toda la marina mercante ampliar el radio de seguridad a 10 millas náuticas alrededor del buque debido al riesgo de deflagración.
- Protocolos de Salvamento Especializado: Ya no se trata de un simple remolque; se requiere equipo de intervención química y contención de gases, tecnología con la que pocos puertos de la zona cuentan de forma inmediata.
- Impacto en Seguros: Este incidente probablemente dispare las cláusulas de “riesgo de guerra y contaminación” para cualquier buque que transite por el corredor central del Mediterráneo en las próximas semanas.
