En mayo de 2024, la agroindustrial brasileña AMAGGI realizó la primera operación de un convoy fluvial impulsado exclusivamente con biodiésel B100 en los ríos Madeira y Amazonas. El empujador Arlindo Cavalca consumió 120.000 litros de biodiésel producido a partir de aceite de soja y logró una reducción de emisiones de CO₂ cercana al 99%. A más de dos años de aquel hito, la experiencia sigue siendo el antecedente más relevante de descarbonización del transporte fluvial en Sudamérica y un modelo que despierta interés para la flota que opera en la Hidrovía Paraguay-Paraná.
Porto Velho, Brasil. La transición energética en el transporte fluvial ya tiene un caso emblemático en la región. En mayo de 2024, la agroindustrial brasileña AMAGGI marcó un hito al concretar la primera operación de una embarcación fluvial impulsada exclusivamente con biodiésel B100 (100% biodiésel), una experiencia que, a más de dos años de realizada, continúa siendo referencia para el sector logístico y naviero sudamericano.
El protagonista de la prueba fue el empujador Arlindo Cavalca, que zarpó el 11 de mayo de 2024 desde Porto Velho (Rondônia) rumbo a Itacoatiara (Amazonas), navegando por los ríos Madeira y Amazonas al frente de un convoy de 25 barcazas graneleras. Durante el viaje consumió alrededor de 120.000 litros de biodiésel B100, producido por la propia compañía a partir de aceite de soja.
La operación fue posible gracias a una autorización especial otorgada por la Agencia Nacional del Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP) de Brasil, y se convirtió en el primer ensayo de este tipo realizado en el país. El objetivo fue evaluar el desempeño técnico del combustible renovable en condiciones reales de navegación y analizar su potencial para reducir la huella de carbono del transporte fluvial.
Según AMAGGI, el reemplazo del diésel marino convencional por biodiésel B100 puede disminuir las emisiones de CO₂ en aproximadamente un 99% , de acuerdo con la metodología del GHG Protocol. El proyecto forma parte de la estrategia de la empresa para alcanzar la neutralidad de carbono hacia 2050 y contempla el uso de B100 no solo en embarcaciones, sino también en camiones y maquinaria agrícola.
Un antecedente que sigue vigente. Si bien el ensayo no constituye una noticia reciente, el proyecto mantiene plena actualidad por el creciente interés mundial en la descarbonización del transporte marítimo y fluvial. En un escenario donde la Organización Marítima Internacional (OMI) y los principales mercados impulsan combustibles de bajas emisiones, la experiencia de AMAGGI demuestra que los biocombustibles pueden convertirse en una alternativa de aplicación inmediata para parte de la flota existente.
Para la Hidrovía Paraguay-Paraná, donde operan miles de barcazas y remolcadores abastecidos con diésel, iniciativas como esta ofrecen un caso concreto para analizar el potencial de los biocombustibles producidos en la región, especialmente considerando que Argentina y Brasil se encuentran entre los principales productores mundiales de biodiésel de soja. Paraguay, con su creciente complejo oleaginoso, podría sumarse a esa ecuación en el futuro.
La experiencia brasileña no resuelve por sí sola los desafíos técnicos, regulatorios y económicos de una transición energética en la navegación interior, pero sí aporta una referencia concreta sobre la viabilidad operativa del uso de combustibles renovables en convoyes fluviales de gran porte.
ANÁLISIS DE OPINIÓN
Por el equipo de redacción de Mundo Fluvial Marítimo
B100: una semilla brasileña que puede germinar en nuestra Hidrovía
El ensayo de AMAGGI con el empujador Arlindo Cavalca es mucho más que un antecedente técnico: es una prueba de que la descarbonización del transporte fluvial no es una utopía lejana, sino una posibilidad concreta que ya navegó los ríos de la Amazonía. La reducción del 99% de emisiones de CO₂ con un combustible producido a partir de aceite de soja interpela directamente a nuestra región, que es líder mundial en la producción de esa oleaginosa.
La Hidrovía Paraguay-Paraná, con su flota de miles de barcazas y remolcadores, tiene ante sí la oportunidad de observar de cerca esa experiencia y comenzar a trazar su propio camino hacia combustibles más limpios. No se trata de una transformación inmediata, sino de iniciar el debate, generar información y explorar las condiciones regulatorias y económicas que podrían hacer viable un proyecto similar en nuestras aguas.
Paraguay, Argentina y Brasil comparten la Hidrovía y comparten también la capacidad de producir biodiésel. La experiencia de AMAGGI es un faro. Que ilumine también nuestro río.



































