Durante su intervención en la Cumbre de Jefes de Estado en Asunción, el mandatario paraguayo se definió como un “fanático de la integración”, pero elevó drásticamente el tono al denunciar el quiebre del espíritu asociativo tras la firma del TLC con la UE. Peña afirmó que Paraguay no aceptará ser tratado como un simple “capítulo” menor y exigió que la justicia distributiva sea la primera virtud del bloque, advirtiendo que las asimetrías actuales que sufre su país mañana podrían golpear a Bolivia.
ENTRE LA VOCACIÓN INTEGRADORA Y LA INSATISFACCIÓN CRÍTICA
El festejo oficial por los 35 años de vigencia del Tratado de Asunción quedó en un segundo plano técnico ante la contundencia política del discurso del presidente anfitrión, Santiago Peña. El mandatario paraguayo inauguró la Cumbre de Jefes de Estado reafirmando la vocación integradora histórica de su país, declarándose un “fanático de la integración” y recordando que, debido a su posición geográfica, Paraguay ha sido uno de los socios que más ha sufrido la ausencia de instituciones regionales fuertes.
Sin embargo, Peña evitó los discursos de complacencia diplomática y reconoció una profunda “sensación de insatisfacción” en el ambiente del bloque. Aclaró que este sentimiento no representa un “sabor amargo” generalizado hacia el ideal del Mercosur, sino la urgencia de alcanzar metas mucho más ambiciosas, aprovechando que el Cono Sur se consolida como una zona de paz inestimable en medio de un contexto internacional plagado de conflictos globales bélicos.
EL ACUERDO CON LA UE Y EL RECLAMO POR LAS CUOTAS CÁRNICAS
El punto de mayor tensión de la jornada llegó cuando el jefe de Estado paraguayo abordó la letra chica y la fase de implementación del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Peña denunció abiertamente que, tras alcanzarse el consenso general, el bloque dejó de lado el verdadero sentido asociativo en favor de intereses individuales de los socios mayores.
“Tengo que decir hoy la verdad sobre un tema que nos ocupa. Tras la firma del acuerdo con la Unión Europea, a Paraguay le ha quedado un sabor amargo sobre su implementación. Por momentos sentí que Paraguay puso su firma para que todos los demás países ganaran. Apenas firmamos el acuerdo, nos comenzamos a percatar de que lastimosamente el bloque se benefició y luego dejamos la integración de lado. Yo presté el voto de Paraguay porque creo en ustedes”.
— Presidente Santiago Peña ante sus pares del Mercosur.
El mandatario defendió con firmeza la postura de su servicio exterior respecto a la distribución de los cupos de mercado —particularmente en el sector de la carne bovina—, rechazando los argumentos de las delegaciones vecinas que intentan restar peso político a las demandas de Asunción basándose únicamente en el tamaño de su economía. El mandatario citó principios de filosofía política para recordar que la equidad debe guiar el funcionamiento del mercado común: “Cuando hablamos de cuotas no pedimos privilegios ni ventajas, pedimos equidad y espacio para desarrollarnos. Hoy es Paraguay, mañana puede ser Bolivia”.
PERSPECTIVA DE MUNDO FLUVIAL MARÍTIMO: EL COSTO DE FIRMAR A CIEGAS
“El reclamo de Peña toca la fibra más sensible de la logística y el comercio internacional de la cuenca. De nada sirve que Paraguay ostente la tercera flota de barcazas del mundo o que ponga el asfalto para el Corredor Bioceánico si las reglas de juego aduaneras e internacionales se cocinan a la medida de las grandes potencias agroexportadoras del bloque. Exigir justicia en el reparto de las cuotas con Europa es una medida de supervivencia para la marina mercante y el agro nacional: si el acceso al mercado europeo se distribuye por promedios históricos o volumen global —como pretenden Argentina y Brasil—, los socios de menor escala quedarán condenados a ser simples espectadores logísticos del negocio ajeno”.
— Análisis del Departamento de Política Económica de Mundo Fluvial Marítimo.
